Cómo trabajar con imágenes

“Pixel monster”, foto de Douglas LeMoine (Flickr).

 

¿Sabes cómo los diseñadores gráficos utilizan las imágenes en una publicación, folleto, cartel o cualquier material que queramos imprimir en papel u otro soporte físico? Cuando pedimos imágenes a nuestros clientes para desarrollar, por ejemplo, una revista, o cuando nos mandan un conjunto de logotipos para incluirlos en un cartel, los diseñadores gráficos suelen encontrarse con situaciones que les complican su labor, ya que existe cierto desconocimiento sobre qué características deben tener esas fotografías o logos en cada ocasión.

Lo cierto es que los criterios básicos para trabajar con imágenes a tener en cuenta no son muy complicados y por eso creemos que esta guía es un buen ejercicio de divulgación.

Antes que nada debemos saber que todos los formatos digitales que se utilizan para almacenar y editar fotografías o dibujos podemos clasificarlos en dos grandes categorías: vectoriales y rasterizados o de mapa de bits.

 

Imágenes vectoriales

Como su propio nombre indica, se generan a través de instrucciones matemáticas, vectores que el diseñador manipula con los programas de edición gráfica especializados a través de las famosas curvas Béizer. Las distinguimos a simple vista por su capacidad para no perder definición por mucho que aumentemos o disminuyamos su escala.

Es por eso que siempre insistimos en que los logotipos usen los formatos vectoriales más comunes como svg, pdf o ai.

 

Imágenes rasterizadas

Están compuestas por un conjunto de unidades gráficas mínimas que conocemos como píxeles. La calidad o resolución de las imágenes se va a definir por su tamaño y la cantidad de píxeles por pulgada (ppp, o también ppi). Por tanto, a mayor número de píxeles siempre será mejor el resultado y más grande podremos imprimir la imagen.

Funciona como mosaico donde todas las piezas tienen la misma dimensión. Dicho de otro modo, esas piezas están colocadas de tal manera que juntas forman una malla uniforme. También podríamos explicar que cada hueco de esa malla es un píxel.

Podemos modificar esa rejilla ampliando o disminuyendo su tamaño, lo que provocará que los valores de los puntos, como su distribución, número y color, cambien también afectando al resultado visual del conjunto.

 

Las leyes de la resolución (tamaño + ppp)

Ya no tenemos la definición infinita de los archivos vectoriales, pero el mapa de bits, por otro lado, nos permite una reproducción fiel de imágenes complejas siempre y cuando la resolución de partida sea lo suficientemente alta.

Nuestra recomendación para papel es que las fotografías que queramos imprimir, por ejemplo, en un periódico, tengan una resolución entre 300 y 250 ppp, una vez ajustadas al tamaño en el que van a aparecer en la publicación.

¿Qué es lo que pasa cuando nos dan imágenes más pequeñas que la superficie que deben ocupar en papel y con pocos píxeles por pulgadas —como, por ejemplo, el estándar de las pantallas, 72 ppp—? Que con esa baja resolución nunca van a poder imprimirse con la calidad deseada: las imágenes “se romperán”, como solemos decir, mostrando el efecto de dentado o escalonado de los píxeles que se reproducen muy grandes. En definitiva, no podemos usarlas si queremos un trabajo de calidad.

La norma de oro es, por tanto, que necesitamos una buena resolución de partida. Siempre podremos reducir el tamaño y aumentar los píxeles por pulgada. Al contrario, ampliando la imagen y reduciendo el valor ppp, sólo conseguiremos una desagradable imagen pixelada que restará valor al proyecto.

 

Me pesan los bits

Otro aspecto que no hemos tratado hasta ahora es lo que llamamos el peso de la imagen, la cantidad de bytes que tiene como archivo informático. Las imágenes vectoriales tienen la ventaja de ser ligeras y ocupar poco espacio de almacenamiento en nuestros dispositivos. No ocurre lo mismo con los formatos de mapa de bits (bmp, tiff, xcf, psd, etc.) y, de hecho, el mayor peso suele implicar mayor calidad de la imagen.

Afortunadamente, para paliar esta desventaja, tenemos los métodos de compresión de imágenes, que, por otro lado, hay que manejar correctamente ya que algunos —como el jpg o el png— implican pérdidas de información que luego pueden notarse en el papel.

 

Más información y ejemplos

El Intef (Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del profesorado) tiene esta interesante página de recursos donde nos ofrecen ejemplos visuales prácticos para entender todo lo que hablamos aquí.

También nos ha parecido curiosa la aportación del blog sobre fotografía titulada «¿300 o 72 ppp?»

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